sábado, 12 de julio de 2014

Corre para vivir mejor, no para vivir más

Hace unas semanas, os trajimos información sobre un estudio que dictaminaba que correr en exceso puede disminuir la longevidad. Fue una entrada bastante polémica en redes sociales, y muchos corredores apelaron con la frase "de algo hay que morir" o "si hay que morir de algo, que sea corriendo". Motivos tan respetables como los de cualquiera, y perfectamente entendibles.

En esta entrada querríamos presentaros la historia de un chico que empezó a correr y cómo su vida cambió a raíz de ello. Una historia más donde la calidad de vida, es más importante que la cantidad de años vividos.

Me llamo José, tengo 23 años y soy sevillano. Siempre me ha gustado el deporte, especialmente la natación aunque siempre he sido un chico gordito. En plena adolescencia, me detectaron (tras innumerables pruebas) que padecía colitis ulcerosa, una enfermedad digestiva inflamatoria para toda la vida y sin cura. No os alarméis, es bastante frecuente.

Sus principales síntomas son diarrea, rectorragia (sangre en recto) y dolor abdominal, una tríada que sufrí durante varios años y no sabía el porqué. A este pequeño palo, se le sumaban los problemas de estrés que he tenido siempre por varias causas (la adolescencia es un período difícil cuando te marginan) lo cuál empeoraba los síntomas.

Había días en los que el estrés y las preocupaciones me generaban un dolor lacerante en el abdomen. El dolor de esta enfermedad es de tipo visceral, como si te estuviesen machacando los intestinos por dentro...es muy doloroso. No sabía que hacer para mejorar o para afrontar el dolor. 


Muchos de estos dolores se daban por la noche, por las preocupaciones de exámenes, problemas con los compañeros de clase, nerviosismo ante situaciones complejas, etc. Levantarse en plena noche con un dolor tan fuerte...no se lo deseo a nadie. Hoy día, estoy en una carrera que genera bastante estrés, lo cuál no mejora la cosa.

Un buen día empecé a correr, así porque sí. Sin objetivos, sólo para mantenerme sano. Sin embargo, unos meses más tarde y por iniciativa propia, quise probar la experiencia de correr una carrera popular. Me apunté a la Nocturna del Guadalquivir y, con mucho esfuerzo, logré terminarla. La satisfacción que sentí ese día es indescriptible. Además, con la rutina de salir a correr, empecé a notar un menor número de crisis de dolor y una mejoría en el manejo personal de las mismas.

Seguí corriendo y, un par de meses después de la Nocturna me hablaron de algo que nunca había estado en mi radar: la maratón. Incrédulo, pensé que nunca podría afrontar algo de ese calibre, era imposible para mí (pese a que ya corría unos 30kms a la semana). Pero la idea fue cobrando fuerzas poco a poco en mi cabeza. ¿Por qué no? Tenía ganas de saber hasta donde era capaz de llegar.


Tras leer el libro "Entrenamiento de maratón para principiantes", empecé mi aventura hacia la meta maratoniana, sólo para terminarla, sin ninguna marca de tiempo a superar. Algo que recomiendo a todos los novatillos.

Los entrenamientos eran muy duros, nunca antes me había enfrentado a algo así, pero mejoraban mi enfermedad. Notaba cómo los problemas, las preocupaciones y el estrés se evaporaban tras cada rodaje. Sentía cómo en la tirada larga iba adquiriendo templanza, concentración y capacidad para afrontar el sufrimiento. 6 meses después, terminé la maratón de Sevilla. Uno de los mejores momentos de mi vida.

Actualmente, sigo corriendo maratones (llevo 4 en la saca), soy corredor habitual de fondo y no concibo mi vida sin correr. Apenas tengo crisis de dolor durante el año y cuando me vienen, soy capaz de afrontarlas con menos sufrimiento. Pese a los palos que me puedan venir, correr también me ha servido para tomarme las cosas con más calma y buscar la forma de solucionarlos, no de sufrirlos.

Pero el dolor sigue ahí, e incluso sé, que correr no es del todo bueno para mi enfermedad. La colitis, al ser una enfermedad inflamatoria, también afecta a otros sistemas orgánicos. Mis articulaciones son más delicadas y se desgastan más fácilmente, mis huesos sufren un deterioro mayor (más aún con el impacto que supone correr). Las pequeñas pérdidas de sangre, hacen que tenga anemia prácticamente de forma crónica, con el correspondiente cansancio que eso conlleva.


Todo esto lo noto. Sé que me duelen las articulaciones, sé que me duelen los huesos, sé que los discos intervertebrales de mi columna se están desgastando y que el médico me ha dicho que deje de correr. Sé que a largo plazo, puede que en un par de décadas, sufra más dolor. Pero...sigo corriendo. Porque también me aporta calidad de vida, porque necesito correr para vivir, porque es un complemento más en mi existencia. Porque correr...ha mejorado mi vida.

Actualmente he aprendido cómo correr mejor y evitar los daños, cómo correr más y verme menos perjudicado. Metas como la triatlón, las ultras como la 101km de ronda, el maratón de Sables, el IronMan de Lanzarote, la Transvulcaniana...son sueños que pretendo cumplir antes de que me venga el palo gordo que no me deje seguir.

¿Merece la pena? ¿Puede que viva menos? Sí, es cierto y es muy probable. E incluso a largo plazo puede que viva peor. Pero ahora quiero vivir, quiero disfrutar y sobre todo quiero seguir practicando algo que me ayuda a afrontar mi enfermedad. 

Correr ha cambiado mi vida, mi mente y mi cuerpo. Y sí, merece la pena correr más, aunque esto suponga vivir menos. Bendita locura. Porque correr es la aventura de marcarte tú mismo, tu propio horizonte.


Hasta aquí la historia de José. ¿Qué os ha parecido? ¿Por qué empezasteis vosotros a correr? ¿Cómo ha cambiado el running vuestras vidas? Dejad un comentario con vuestras experiencias, y compartid la entrada con todos vuestros conocidos. Gracias y, un saludo.

1 comentario:

  1. Me ha encantado la historia. Yo empecé a correr tras superar una depresión y desde entonces, aunque he parado de correr en períodos de exámenes, nunca lo he dejado. Es increíble lo que ayuda, lo que motiva y lo que engancha.
    ¡Mucha fuerza José y espero conocerte algún día!

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