domingo, 6 de septiembre de 2015

Crónica de una Guerrera. Trail Virgen de las Piedras

No sé si fueron los kilómetros, el recorrido, el entorno, la luna llena o la leyenda lo que me atrajo de este trail nocturno. Algo estaba claro: era el primer trail de montaña que haría. Embarcarme en este aventura suponía programar el fin de semana con mucho tiempo.

Lo dejé todo bien atado: programación del estudio de los exámenes de septiembre, pedir días de descanso en el trabajo, entrenar campo a través de noche para hacerme a la idea de lo que podría encontrarme en el trail, etc.


De las escapadas nocturnas que llegué a realizar previamente, ninguna tuvo nada que ver: asfalto o camino vs montaña, contaminación lumínica urbana vs luna llena y cielo despejado, conocer la zona vs ir a lo desconocido, a la aventura. Estuve una semana entera con los nervios a flor de piel, pero la mañana del trail solo pensaba en una cosa: disfrutar.


Entre los diferentes planes que barajábamos surgió el definitivo en el cuál Nuria, Emilio y yo acabamos saliendo de Sevilla sobre la 13:00 con la idea de llegar a Villaluenga del Rosario, comer allí, disfrutar y reponer fuerzas en la piscina municipal y después asistir a las charlas.

Eran las 15:00 cuando aterrizamos en el maravilloso pueblo de la serranía gaditana. Tras la odisea de atravesar el centro del municipio con el coche, aparcamos junto a la plaza de toros y nos dirigimos a la piscina con la intención de almozar y descansar tras el viaje.

Tras comer fuimos a recoger nuestros dorsales. Aún quedaban muchísimos corredores por llegar y se notó en las charlas (vacías). La de nutrición impartida por Nuteco se convirtió en una mesa redonda en la que los pocos que acudimos intercambiamos experiencias entre nosotros y los dietistas. Fue una pena que no diesen la charla apelando falta de aforo. En vez de ir a la segunda charla, fuimos a ver tranquilamente la mini feria del corredor.


Se acercaba la hora de salida: hidratación previa, preparar el material, comer algo ligero para no llevar el cuerpo vacío...corredores y corredoras empezaban a salir de la nada. Unos muy mazados, otros equipados con todo lo habido y por haber: mallas de compresión, calzonas, pantalones largos, bastones por tramos y otros con un simple palo de madera y poco más.


Nos despedimos de Emilio, la organización comprobó el material y entramos en la plaza de toros que estaba abarrotada de corredores aunque sin alcanzar los 400 dorsales (en cuanto a asistencia). En esta ocasión Emilio se quedaría como apoyo. En esos momentos llegó una de las anécdotas de la noche cuando el trail tuvo que retrasar su comienzo porque el speaker se había equivocado de pueblo y llegaba tarde.


En el tendido de la plaza había familiares y amigos animando, haciendo fotos del ambiente. Espectacular. Cuenta atrás, pistoletazo de salida. Allá que vamos. Nuestro objetivo era llegar. Todo fue muy rápido. Salir por la puerta de la plaza y encontrar a más gente animando haciendo un pequeño pasillo en dirección a la montaña: único.


A los primeros directamente ni se les veía. Algunos andaban y nosotras decidimos echar a correr un poco antes de iniciar el rompepiernas donde nos aconsejaban ir lentas y sin prisas. Me crucé con un corredor que llevaría corriendo a su perro de agua. ¿Es en serio? Estoy acostumbrada a verlos participar en carreras populares por Sevilla pero...¿también en plena montaña? Más que un perro, esa noche sería una cabra. Eso sí, iba ataviado con su arnés reflectante y su catadióptrico.


En menos de 1 kilómetro todos íbamos en fila de a uno subiendo por el monte. Una pasada mirar hacia arriba y ver una riestra de luces rojas parpadeando mientras escalan hacia el cielo. Es algo hermoso. A la derecha coches pitando y animándonos desde abajo. Probablemente irían a algún punto del recorrido donde inyectar coraje a los participantes. Otros tanto se pararon, subían por otro amino y se ponía a aplaudir antes de que el terreno les impidiese pasar.

La luna nos orientaba respecto a la altura, ya que nos permitía ver fácilmente el perfil de la montaña y las copas de los árboles. La primera subida fue muy dura pero íbamos frescos. Había momentos en los que sólo cabía un pie por el camino, donde sólo había piedras y el sendero estaba en la imaginación de cada uno, había que pisar donde "podías". 

En este momento pensé que los bastones deberían ser material obligatorio para estas pruebas. Menos mal que decidí hacerme con unos a pocos días de la prueba pese a que no se debe probar e introducir novedades en plena competición, pero no había tenido otro momento de hacerlo.

Al principio usé los bastones sólo para subir ya que no había cogido el ritmo, pero de tanta subida-bajada y alternar de brazos y piernas, terminé cogiéndole el tranquillo y hasta los usé para correr en algún tramo. A unos 3kms la montaña nos dió un leve respiro. Seguíamos ascendiendo aunque la pendiente era mucho menor. Cada dos por tres Nuria y yo nos llamábamos para asegurarnos de que íbamos bien.

De vez en cuando intentaba mirar el móvil para saber cuántos kilómetros llevábamos. El simple hecho de soltar un bastón me daba pánico por si alguna piedra traicionar me hacía caer. Si a eso le añadía el riesgo de que se me cayese el móvil...aún peor. A eso de las 23:45 pasamos el primer control y avituallamiento (Choza Reloj km 7,2). Sobre esa hora los primeros iban por el kilómetro 19 en el Puerto de los Alamillos ¡Qué máquinas!.


Bebida y fruta para todo el que quisiese. Mientras subía, entendí las fotos de un burro cargando el avituallamiento que publicaron en Facebook. Imposible llegar en coche hasta esas zonas (o al menos, no por donde estábamos corriendo). Al pararme para rellenar mi mochila de hidratación me rezagué un poco y tuve que pegar un sprint para alcanzar a Nuria. Hasta entonces habíamos subido junto a un pequeño grupo de personas que formamos sin darnos cuenta: José Carlos y Raúl (que eran de la zona), Mari (de Arcos de la Frontera) y nosotras dos que veníamos del asfalto sevillano.

Estuvimos paradas unos segundos más descansando y volvimos a la carga viendo la importancia de ir todos juntos. El objetivo de Nuria y el mío en ese momento fue el de ir con el grupo e ir más acompañadas. Tras el primer descanso se allanó un poco el terreno y los corredores se distanciaron entre ellos. Cada vez era más difícil ver a alguien delante o detrás de ti, aunque no imposible. Fue justo antes de empezar a bajar cuando le dimos alcance a los compañeros.

El trabajo de la organización respecto al balizaje fue increíble: tiras reflectantes, banderines, luces, carteles...en ningún momento me sentí perdida ni con la incertidumbre de si iba por el camino correcto. Creo que la labor de balizaje se la debo agradecer a "Francisco Remolino".

Se aproximaba la segunda subida antes de llegar a Grazalema y junto con Nuria, decidimos hacer una breve parada para miccionar ya que no sería lo mismo dar alcance al grupo en llano...que cuesta arriba. En ese momento empezó la preocupación que me acuciaría toda la noche: oriné muy poco pese a que había bebido mucho. ¿La ingesta y las pérdidas estarían compensadas?.

Decidí ir controlando el tema: seguir contabilizando la ingesta de líquidos e ir escuchando a mi cuerp para evitar problemas renales. Puede que me estuviese volviendo un poco hipocondríaca pero es un tema muy importante, al que en ocasiones no se le echa cuenta y las repercusiones pueden ser muy serias. Intentaba recordar la crónica de Juan (El Corredor Errante) en la última edición de los 101 de Ronda y mis apuntes de Nefrología. Me acordé de Alfonso a quien conocí en el I Trail Coria-El Rocío diciéndome "Marta, bebe, da buchitos cada 5 minutos, coge plátano, hay que llevar este ritmo para entrar en tiempo...".

Los cinco del grupo seguimos subiendo. A mitad del tramo tuvimos que pararnos: algo de beber, una barrita de cereales, alguna foto y a continuar. No era la subida más drástica pero sí que se nos atragantó un poco. Lo peor vino después: la bajada. Piedras sueltas y resbaladizas, hojas y tierra, polvo...mucho polvo. El Buff que llevaba me ayudaba a respirar mejor y evitar las partículas de polvo que levantaban los propios corredores. Menos mal que no había llovido...sería imposible bajar por allí.

A mitad de la bajada empezamos a tirar de Reflex en tobillos y femorales. Me aseguraba bien de clavar el bastón. Al final del desnivel estaba el tercer avituallamiento: Puerto Boyar. Cuando llegué me contaron que María había caído de boca bajando. La pobre se llevó un buen golpe pero ella como si nada, "palante". José Carlos se torció el tobillo bajando. Yo me dí otro toque de Reflex y a seguir. No es que me doliese nada, pero empezaba a ser consciente de que cuando andaba...los tobillos estaban ahí. Los notaba más de lo normal.


Pasamos de un terreno hostil y pedregoso a un camino como de gravilla. Aprovechamos para correr un poco. Estábamos entrando en Grazalema. Mi cuerpo agradeció cambiar aunque fue unos metros la superficie. Se notaba que estábamos bajando. Climatológicamente creo que nos hizo una noche ideal. No pasé ni frío ni calor aunque sí notaba el cambio de temperatura estando arriba o abajo de la montaña, especialmente en el aire en las cimas.

Salimos de Grazalema. Creía que lo peor había pasado...pero no. Sólo recordaba dos subidas en el perfil pero mi mente olvidó esa última "Gran" subida. La recuerdo como un camino no muy estrecho pero con unas piedras altísimas. Un grupo nos iba alcanzando por detrás y encima...me quedé sin agua. Sin agua, sin orinar y con una cuesta que no me esperaba...genial.

Recuerdo pasar un cruce de carretera donde había varios voluntarios animando. Nos informaban de que era el kilómetro 21 y un chavalín muy contento, nos dijo: "ya sólo os quedan 10 kilómetros". El próximo avituallamiento, estaba cerca. Creo recordar que hubo más avituallamientos de los que realmente nos había informad lo cuál estuvo genial. No nos faltó de nada pero me desconcentró a la hora de llevar la cuenta del kilometraje.

Mi móvil se apagó por lo que perdí los datos del track. En el tintero se quedará algún kilómetro sin registrar en Strava. Por otra parte no me salían las cuentas con los kilómetros que quedaban y los voluntarios te podían confundir ya que uno te decía una distancia, y otro te decía otra. Un kilómetro de diferencia parece una chorrada...pero cuando llevas tanto a las espaldas, no.

Cada hora desde que salíamos intentaba informar de cómo estábamos a Emilio, a mi familia y a las Guerreras Running que se llevaron todos los días previos animando y a lo largo de la noche, estuvieron en vela preguntando. A mi pobre madre cuando le dije por el km24 que quería un coche me soltó: "ya has demostrado que puedes, puedes parar". Ya no era agotamiento, sino el aburrimiento de llevar tantas horas. Estábamos solitas Nuria y yo. Queríamos disfrutar del paiseja pero la Luna sólo nos brindaba tonos azul marino y gris. Ya no nos quedaban luces rojas a la vista como para intentar alcanzar a sus portadores.

Supongo que nos quedarían unos 2,5 kilómetros porque el terreno empezó a cambiar a mejor. Alrededor del camino empezaron a desaparecer los muros de piedra y surgió una especie de arcén. De vez en cuando miraba hacia atrás o intentaba acelerar el paso pensando que alguien nos seguía. El eco de nuestros pasos, el roce del dorsal con la mochila, el golpe de un bastón, la luna llena o los cerdos y ovejas con los que nos topábamos era el sonido de la noche. En este último tramo pasé algo de miedo.

Cada vez había menos montaña delante, menos árboles. Debíamos estar llegando. Un cartel para senderistas nos dió la gran noticia. La ruta a nuestras espaldas era la de los "Llanos del Republicano". En el sentido de nuestra marcha Villaluenga estaba a 1,5 kilómetros.

Al poco empezamos a descender y ante nuestros ojos, los árboles nos dejaron ver Villaluenga. Nos paramos a hacernos una foto. En ese momento fui a avisar a Emilio de que ya estábamos llegando cuando, en una curva del camino vimos una luz. No era el reflejo de nuestros frontales en las balizas. Era el propio frontal de Emilio y su dueño debajo que había hecho el camino a la inversa para buscarnos y amenizar el final del camino.


Llegamos al pueblo entre las pistas de padel y la piscina municipal. Sacamos la bandera de las Guerreras. No había quien nos parase. Empezamos a subir las calles del pueblo corriendo y por fin entramos en la plaza de toros. Por fin la meta. Daba igual si habían sido 30, 31 o 34 km como aparece en algunos registros de apps. Habíamos llegado: 7 horas y 50 minutos. Nos fundimos en un abrazo. Los voluntarios nos colocaron nuestras medallas de finisher. No me lo podía creer.


Para recuperar fuerzas nos recibieron con un caldito que le sentó genial al cuerpo. Además nos tenía preparados chocolate con churros...gloria bendita. En una de las barras que habían colocado en la plaza, dormía el pobre perrillo de agua junto a otros canes que habían hecho el recorrido. Sus dueños disfrutaban de un refrigerio en compañía.


Tras terminar el chocolate nos fuimos a los vestuarios de la piscina. Allí pude por fin hacer mis necesidades en la cantidad y color correctos. En las duchas temíamos congelarnos pero por poco no salimos de allí escaldadas. El agua hervía. Tras la ducha...vuelta a casa. Lo único que mejoraría de la prueba, sería la señalización del kilometraje.


Horas más tarde me costaba bajar las escaleras y me dolían un poco las rodillas. Al final del día y tras haber descansado, ya era una persona normal. Ni ampollas, ni rozaduras ni secuelas. Me da mucha pena no haber podido disfrutar del entorno como me hubiese gustado. El terreno tan abrupto te obliga a no perder de vista el suelo y el tiempo limitado...evita que puedas mirar tu alrededor.

Ha sido una gran aventura. Gracias a todos los organizadores y voluntarios, sin vosotros no habría sido posible, habéis hecho una gran labor en todo momento. Me gustaría volver a recalcar el gran trabajo del balizaje. En los avituallamientos no ha faltado de nada ni han puesto pegas para rellenar las mochilas de hidratación. Gracias por todos esos meses de preparación, las horas y días previos y sobre todo al trabajo posterior de devolver todo a la calma.


Todo este planteamiento tampoco habría sido posible sin el dorsal que nos cedió la organización del Trail a MedRunning y que Emilio me cedió para correr. Muchas gracias por creer en mí y confiar en que podría conseguirlo. Se despide esta humilde colaboradora de MedRunning que os recuerda que hay que "Correr con el Corazón". Un saludo.

MATERIAL EMPLEADO:

-Zapatillas Saucony Xodus 5.
-Calcetines Saucony.
-Mallas Kelenki 4/3 Running.
-Camiseta de tirantas Guerreras Running.
-Manguitos Saucony Viziglo.
-Buff.
-Frontal Geonaute 120 lúmenes.
-Catadióptrico 101kms Ronda.
-Mochila de hidratación de 5L Kalenji.
-Bastones 800 Raid Trail Mountain.

No hay comentarios:

Publicar un comentario