jueves, 29 de junio de 2017

Crónica San Fermín Maratón 2017. ¡Aupa coño!

Celebrada el 17 de Junio de 2017, la cuarta edición de la San Fermín Maratón o Maratón de Pamplona ha sido valorada en los medios como "notable". Personalmente estoy muy de acuerdo con esta valoración, especialmente porque está muy cerca del sobresaliente.

Esfuerzo y cariño no le han faltado a la prueba. A nivel de la premaratón, llegamos al Hotel Maissonave el 16. Como ya comenté, pude correr esta prueba debido a que me tocó en un sorteo en la Feria del Corredor de la Maratón de Sevilla. El premio: dos noches en dicho hotel, y dos dorsales a elegir entre las modalidades que ofrecía el evento (10K, 21K y Maratón).

No sé cuánto costaría el hotel, pero sin dudas es de los más recomendables si vas a correr la Maratón. De hecho, gran parte de las liebres se alojaban en él y personalmente, me encontré muy cómodo y satisfecho con sus servicios, especialmente con el desayuno buffet. Además, la maratón pasa por delante del mismo, lo cuál le da un toque de categoría.


En cuanto a la recogida de dorsal, decidimos no ir el mismo día 16 hasta el InterSport Arabia, situado en la otra punta de la ciudad. Sobre todo porque aparcar en Pamplona es un infierno de zona azul, verde, amarilla, etc. Hay muy pocos aparcamientos gratuitos. Por tanto, decidimos ir a la Plaza de Toros, pese a que el dorsal y camiseta, me lo dejaron en la recepción del hotel.

En la plaza, nos atendieron parte de los organizadores de la prueba, incluyendo a Laura a la que le agradezco el haberme contactado y la ayuda ofrecida. Eran todos super majos y nos ayudaron/atendieron con gran cariño y cercanía. Además, también tuvimos la oportunidad de hacernos con parte del merchandaising de la prueba. En concreto, con un Buff.


Para años posteriores, veo un acierto el tema del merchandaising oficial, especialmente los Buffs (que pueden ser distintos cada año) y camisetas con algún diseño chulo. La sudadera era algo simple, sobre todo para lo que costaba y el pañuelo era increíble, de gran calidad.


En cuanto a la Feria del Corredor, algo escasa. Muchos stands de patrocinadores, algún que otro stand de otras pruebas deportivas y al final, el lugar donde se recogían los dorsales (de un tamaño y con un personal adecuado a la cantidad de corredores inscritos). Pero poco más. Yo personalmente, eché en falta algún stand de negocios locales de running, de cacharros electrónicos para corredores, de tiendas especializadas en nutrición tipo "NutriSport", etc.

Eso sí, espectacular poder salir a echarte fotos a la plaza de toros de Pamplona, meta del evento maratoniano. Otra cosa que me gustó fue el photocall que dispusieron para los corredores. También me pareció un detalle el períodico que daben en el mostrador de información, con noticias sobre la prueba o las pulseras y headbands que regalaban a los corredores. Gran acierto.


CARACTERÍSTICAS DE LA PRUEBA:

El recorrido en la edición de 2017 fue modificado respecto al de ediciones anteriores. En esta ocasión los maratonistas tendrían que darle 4 vueltas a un mismo circuito, que circulaba entre las principales zonas verdes de la ciudad y en el interior de su casco histórico. La última vuelta sería la única diferente y, en vez de comenzar en Plaza Nueva, se terminaba en la Plaza de Toros.

La mayor parte del circuito, era urbano. Además, tenía la peculiaridad de que competían 4 modalidades distintas. La gente de 10K (mil y pico de corredores), que comenzaron a las 19:35 y los de media maratón (mil y pico), maratón (350 corredores en teoría) y maratón por relevos que dieron comienzo a eso de las 19:45. Es una maratón aún pequeña, pero muy bonita.


El perfil: ni es duro ni es plano. Había un par de cuestas, y había grandes avenidas con algunos falsos llanos. Todas las modalidades comparten el mismo recorrido base. Los de 10K salen y acaban los primeros, los de 21K se separan de los maratonistas cuando daban dos vueltas, y los maratonistas pues tenían que darle 4 vueltas al mismo recorrido poquito a poco.

El tiempo máximo para acabar la prueba (aunque después lo ampliaron), fue de 5 horas. Un tiempo algo ambicioso, especialmente porque no es una prueba sencilla a nivel logístico para los organizadors y especialmente por que es algo dura para corredores, física y mentalmente.


MI NOVENA MARATÓN. AUPA, PAMPLONA:

Estaba jodidamente nervioso. La San Fermin Maratón sería mi novena 42,195 y no quería que fuese la primera que no pudiese acabar. Además, no quería desaprovechar el sorteo y el esfuerzo de la organización por promocionar la prueba. Quería disfrutar esta prueba.

Es por ello que desde primera hora, me puse un claro objetivo: acabar la Maratón si o si, aunque fuera andando. Con mis objetivos claros y debido a mi hiperactividad, nos plantamos Marta y yo en el lugar de salida (Plaza Nueva), sobre las 18 de la tarde. El ambiente era chulísimo. Todos los alrededores llenos de gente tomándose algo en los bares, y decenas de corredores llegando poco a poco al centro de la plaza, tumbándose en el césped, calentando, etc.

Al principio sólo veíamos a gente con el dorsal color verde (los de la 10K), cuyos números empezaban por el 10.000 en adelante. Después fuimos detectando a los corredores azules (los de la media maratón) con dorsales del 21.000 en adelante y de forma casual, íbamos viendo a los poquitos locos que llevávamos los dorsales rojos (maratón), con número a partir del 42.000.

Menciono esto porque me gustó mucho la idea de los distintos colores, y el hecho de que los números de dorsal también estuvieran relacionado con la distancia. Parecerá una tontada, pero me gustó el detalle. Imagino la cara de aquel que tuviera el dorsal 42.195. Suertudo.


A la 19:15 el speaker comenzó a llamar a los corredores de la 10K a la línea de salida. El pobre animador, intentaba sacar algo de entusiasmo en corredores y en el público, aunque no tenia mucho éxito. Quiero achacarlo a que hacía mucho calor y a que le faltaba algo de "chispa" al pobre. A mi me gustó el hombre, y proferí algún grito bajo su petición popular.

Una vez que los "peques" salieron, nos tocó colocarnos en la línea de meta a los corredores de larga distancia. De verdad que hacía un montón de calor, y eso que eran las 19:40 de la tarde y que yo soy sevillano, que en teoría estamos acostumbrados a estas temperaturas...

Se dió la señal de salida y comenzamos a correr. La gente animaba, y la masa empezó a desplazarse a través de la primera vuelta del recorrido. Los primeros kilómetros tuve que contenerme. Iba demasiado cerca de la liebre de 4 horas, y mis ritmos giraban en torno al 5:20min/km. Excesivo, si pensaba terminar la prueba en buenas condiciones.

Desde la salida hasta Avenida del Ejército muy cómodo, llegados a este último punto nos encontramos con la primera paralela en la cuál teníamos que ir... para después volver por el mismo sitio. Además, era un falso llano de varios cientos de metros. Cuidadín.

El kilómetro 3 se basa prácticamente en volver por Avenida del Ejército y meterte por otra gran Avenida, Bayona. Casi llegando al kilómetro 5 (Monasterio de Irache), te encuentras con la segunda paralela que discurre primero cuesta abajo y después cuesta arriba.


En este punto y con el calor que tenía, me molestó un poco el tema del avituallamiento. Entendía que estos iban a ser escasos (en comparación con otras maratones en las que he corrido). Sin embargo, que te pongan en la información que hay un avituallamiento en el km 5, cuando en realidad está en el 5.500 pues, no me hizo especial gracia. Necesitábamos agua.

Otro aspecto que me sorprendió fue que nos daban botellas de agua. Sé que hay muchos corredores que se quejan de que el avituallamiento sea con vasos, pero es que... ¡es lo más sensato! En primer lugar porque le ahorra costes (y espacio) a la organización, y en segundo lugar porque nos proporciona exactamente el agua que necesitamos. Ni nos obliga ni a tener que cargar con la dichosa botella, ni nos obliga a tener que vaciar la mitad de la misma, antes de tirarla.

No sé. Personalmente me he acostumbrado a los avituallamientos con vasos de agua. Y no, no sé beber en ellos mientras corro. Simplemente aminoro el ritmo o bien me aparto a un lado y bebo tranquilamente antes de seguir. La botella es más cómoda, pero la veo una "pijada".

Por tanto, si la organización de próximas ediciones estima que les gusta poner botellas de agua, estarán acertando. Pero si prefieren usar vasos de agua, también estarán acertando (aunque a muchos les disguste). Algo así ocurrió en la Maratón de Sevilla en la transición de botellas a vasos de agua, la gente se quejó, se argumentó el por qué del cambio y a mi me pareció sensato.


Otro punto que me gustaría destacar del avituallamiento: la gran cantidad de papeleras disponibles para deshacerse de las botellas y residuos sólidos junto a ellos. Aquellos corredores que querían tirar "la mierda" al suelo, era porque querían, no porque no tuvieran opción de hacerlo en una papelera o en un contenedor. Por tanto, enhorabuena a la organización / ciudad, por este detalle.

A partir del kilómetro 6 empezamos a rodear el Parque Antoniutti. Por supuesto, el sol nos daba de lleno y habia poca sombra en la que refugiarse. Empecé a sentirme algo mal y el estómago me avisó de que algo no iba bien. Al llegar al kilómetro 8, dentro del Parque y con la sombrita, me di cuenta de que iba a necesitar ir al baño... aunque ya había ido varias veces ese día.

La entrada en el centro histórico, espectacular. Todo un acierto. Era genial poder refugiarte a la sombra de los y recibir el calor de los pamplonicas. Pasé por delante del Hotel y pensé... ¿me paro y voy al baño? Pero como soy un mongolo, no llevaba la targeta y no iba a pararme más de lo necesario para que me dieran otra en la recepción... así que decidí aguantar: craso error.


Antes de llegar a Plaza Nueva, nos tocaba subir una cuesta de unos 100 metros. Una señora cuesta, de esas que te tienes que echar hacia adelante para facilitar su subida. El paso por la Plaza fue un poco agónico, porque el calor apretaba y no había sombra en la que refugiarse.

El estómago fue a peor y tras pasar por el arco de salida para comenzar la segunda vuelta, empeoró mi situación. Decidí que podría aguantar hasta la Ciudadela, y que allí intentaría meterme en el Corte Inglés o en una cafetería gigante que había. Avisé a Marta de que no estaba bien.

La segunda vuelta, a diferencia de la primera, se tornó una tortura para mi. Conseguí llegar a duras penas a la cafetería y les supliqué que me abrieran la puerta. Fui al baño y por fin pude seguir adelante, pero la cabeza ya estaba tocada después de aguantar 5 kilómetros de dolor.

Al llegar al kilómetro 15 (de nuevo, el avituallamiento que debería estar en el 5 pero está más adelante), volví a sentir que algo no iba bien con los avituallamientos. Pregunté que si había isotónico, me dijeron que no, que más adelante. ¿Cómo? Ese fue mi pensamiento. 

Pelillos a la mar, aunque no me sentó bien que en una Maratón "de este calibre", no hubiera isotónico a partir del kilómetro 15. Pamplona dispuso 9 avituallamientos, y lo más sensato, es que a partir del 15 empezasen a ofrecer isotónico. Pero no fue así. En teoría, una maratón te debe ofrecer los avituallamientos suficientes en cantidad y calidad, para que el corredor sea capaz de realizar la prueba en su totalidad sin necesidad de "extras" propios.

En fin. Que los avituallamientos fueron suficientes, pero que en el futuro se pueden disponer más (sobre todo si vuelve a hacer este calor) y modificar el contenido de ellos en base a las necesidades potenciales de los corredores en carrera. Porque a partir del kilómetro 10, hay que empezar a reponer parte de los hidratos que se van consumiendo durante el recorrido...

En la llegada al kilómetro 20, tras volver a plazar por la Plaza y separarnos de la gente de la media maratón (que emprendió un recorrido distinto), por fin encontré el avituallamiento que necesitaba. Me hice con un par de cachitos de plátano, bebí media botella de agua fría, y me tomé de lleno un vaso de isotónico fresquito. Sí, me tomé demasiado...pero es lo que podía hacer teniendo en cuenta que no tendría otro avituallamiento hasta el kilómetro 25.


En la segunda vuelta el calor apretaba bastante menos, pero yo ya estaba literalmente jodido. La segunda vez que pasas por los mismos sitios, empiezas a memorizarlos, empiezas a plantearte que tendrás que volver a pasar por ellos otras dos veces más. En fin, que me dió la bajona y tomé una decisión. Miré el reloj, ví que iba bien de tiempo y que haría los 30 kilómetros en unas 3 horas. Como sabía que el kilómetro 33 estaba cerca del Corte Inglés, avisé a Marta.

Corrí como pude hasta el punto de encuentro y cuando la ví, empezamos a andar los dos juntos. La musculatura se me estaba empezando a pillar, con pequeños calambres que me avisaban de lo peor. El ánimo lo tenía totalmente roto, la cabeza sólo me mandaba mensajes de desánimo y mis ganas de querer seguir corriendo...estaban por los suelos. Pero en Pamplona, no pensaba caer.

A ritmo de "un, dos, papas y arroz" echamos a andar rápido. Kilómetro tras kilómetro fuimos pasando por la cuarta y última vuelta (después de hacer una tercera, infernal). En el kilómetro 35 nos esperaban los voluntarios del avituallamiento, ya recogiendo y esperando a los últimos corredores. Brutal y excelente la labor de los voluntarios, animando en todo momento y sacándote una sonrisa cada vez que pasabas por su lado. Sin dudas, los voluntarios han sido lo mejor.


A partir del kilómetro 38, entrando en el centro, le dije a Marta que se fuese para la plaza de toros tranquilamente. Un poco más avanzado encontré la bifurcación que, en la tercera vuelta te llevaba al final del recorrido o a la cuarta vuelta. En esta ocasión, no había bifurcación...sólo había un camino: el que te llevaba a meta. Era de los últimos corredores por llegar.

A partir del 39 intenté hacer pequeños tramos corriendo. Ya estab más recuperado y la gente de Pamplona animaban muchísimo. Todos lanzádote gritos y palabras de aliento, todos con una sonrisa preparada para darte aliento, todos con su querido ¡aupa campeón!. En fin, que me gustó mucho el calor sincero, cercano y cariñoso de los pamplonicas que me encontré.

La última parte del recorrido es distinta y es preciosa. Te lleva por toda la zona central de Pamplona y por la otra parte del casco histórico. Avanzas poquito a poco por las callecitas más emblemáticas y bonitas de la ciudad. Además, al ser de noche y estar todo iluminado, es todo más bonito, más mágico. Que sea una maratón nocturna, diferencia a Pamplona de "las demás".

Mis últimos tres kilómetros fueron andando-corriendo, siguiendo a una corredora con la camiseta morada que posteriormente supe que era "Novatilla". La entrada en la Plaza de Toros es increíble, sobre todo cuando ves la puerta por la que tienes acceder, con un toque a lo "lluvia de estrellas" (el programa de televisión) y apareces en un pasillo que da de lleno al arco de meta.

La entrada, en solitario. Sin nadie por delante ni nadie por detrás. La primera maratón que experimento puramente en la "cola de carrera". Una entrada rabiosa, descarga de adrenalina al sentir que había sido capaz de terminarla. En total, unas 4 horas y 50 minutos. Mi maratón más lenta, ¿y qué? Al final, y pese al sufrimiento la disfruté muchísimo.


Es cierto que no es una maratón para hacer marca. Es cierto que no es la maratón más famosa o la que tiene más cantidad de gente corriendo de España. Es cierto que aún le quedan detalles por pulir. Pero en mi valoración global, he de decir que la Maratón de Pamplona está "de puta madre". El horario distinto, el circuito tan peculiar que posee, el ambiente, los pocos maratonistas que la corren, los lugares por donde discurren, el cariño que le ponen los organizadores: ¡es única!

Además, cuando estaba a punto de marcharme fui a saludar a Novatillo , el cuál estaba en calidad de liebre de 4:15 en el evento. Gracias a él, que me ayudó a localizar el lugar en concreto, me pude hacer con mi bolsa de "finisher". Una bolsa que completa la bolsa del corredor y que es la mejor que me han dado en todas las maratones que he corrido hasta la fecha. La más llenita.


En general, una maratón muy bien montada y con mucho cariño. El sistema de fotos espectacular, que entres en meta y después puedas tener un recuerdo sin tener que pagar un duro, es de agradecer. Ya todos conocemos a los abusones de "marathonphoto" de otras maratones.

El cariño depositado en la prueba, el calor de la gente de Pamplona, sincero y cercano especialmente cuando estás a punto de acabar. Los voluntarios de diez. El centro de la ciudad cerrado todo para ti. En fin, espectacular. Es cierto que hay detalles que se pueden pulir, pero a grandes rasgos, esta maratón está muy chula y vale la pena correrla. Gracias Pamplona.

Hasta aquí mi crónica de la Maratón de Pamplona. No es ni la más bonita, ni la más épica, pero es la más sincera y la que está escrita desde "la cola de carrera". Espero que os haya gustado, que la compartáis para dar a conocer el evento y que me dejéis vuestra opinión. Un saludo. 

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