jueves, 23 de febrero de 2017

Crónica: un napolitano en la Maratón de Sevilla 2017

Ocho, ya van ocho maratones. Pero esta en concreto, esta Maratón de Sevilla sería especial. La primera que he entrenado en un país que no es el mío, en una ciudad que no es la mía, y en unas condiciones, a las que no estaba para nada acostumbrado.

Si a ello le sumamos el pinchazo sufrido en mi maratón número 7... Nervios, tenía nervios. Sin embargo el test de Gavela me daba buenos resultados, mis piernas respondían genial en los entrenamientos y nunca antes, me había sentido tan bien yendo rápido.

Es por ello que el 19 de Febrero de 2017 me desperté a las 6 de la mañana. Debido al adelanto en la hora de salida de la prueba, tocaba despertarse un poco antes para comenzar los preparativos. En primer lugar, dejé haciéndose el café mientras me daba una ducha. A espabilarse.

Una vez desayunadas mis galletas mojadas en café (una grandísima dosis de azúcar sumada a una buena dosis de cafeína), comencé a vestirme. La noche antes había dejado preparada toda la equipación encima de la cama. Me acompañarían los siguientes elementos:


Mis pobres padres, apoyo incondicional en este tipo de pruebas, fueron los que me portaron al aparcamiento trasero del Estadio de Sevilla. Desde allí comencé a andar en dirección al guardarropa para saludar a mi amiga Irene que estaba de voluntaria. Mil gracias.

El llegar temprano me permitió desviarme y darme una vuelta por el interior del estadio para observar la pista de atletismo. Más allá de las pésimas condiciones del tartán, la visión era impresionante. El arco de meta situado al final de una larga alfombra azul. Los palcos vacíos. Los hinchables de los patrocinadores llenándose poquito a poco. Me eché una fotito:


Llegado el momento, me dirigí junto con otros miles de personas a la Avenida Carlos III. Accedí al cajón de salida que me correspondía (entre 3:45 a 4 horas), que para eso tengo una MMP en maratón de 3 horas 41 minutos. Además, quería evitar ponerme al final del pelotón.

En dicho cajón me encontré con Jesús y con un amigo suyo (lo lamento, no recuerdo su nombre). Durante gran parte de la carrera fuimos juntos puesto que ambos, tenemos ritmos muy parecido y además es un chaval encantador con el cuál se corre super agusto.

En el tiempo de espera me dediqué a realizar los ejercicios de respiración pertinentes. Tan importantes para relajar el cuerpo y la mente, como para activar la musculatura respiratoria antes de un esfuerzo físico. Lo cual se torna bastante complejo, porque estar rodeado de gente emocionada que añade aún más emoción a tus sentimientos, hace que sea difícil concentrarse.


A las 8:30 más o menos, se dió el pistoletazo de salida y los más de 10.000 inscritos comenzaron a trotar por el recorrido sevillano. Como pude, le tiré a mi padre el cortavientos de la maratón de Sevilla de 2015, puesto que el día...pese a que amenazaba lluvia, era agradable.

Respecto a la meteorología y antes de continuar la crónica, sólo puedo decir que jamás en mi vida he corrido una maratón con tan buenas condiciones. Se preveía que nos podía llover pero al final, no cayó una misera gotita de agua y el la temperatura era perfecta para correr.


Pero vamos a meternos ya en materia. Cuando crucé el arco de salida, sabía que iba unos segundos por delante de mi tiempo "recomendado". Sin embargo, necesitaba recuperar el tiempo perdido en la aglomeración y sobre todo...activar el cuerpo, que me cuesta trabajo.

Sabía que tardaría unos 7-8 kilómetros en comenzar a explotar mi ritmo, pero aún así comencé por debajo de 5:20 min/km. Si, lo sé...es bastante rápido. Sobre todo si tu intención es simplemente terminar la maratón y en todo caso...hacerla en menos de cuatro horas.

No lo pude evitar. Estaba tan nerviosito por volver a correr la Maratón, había entrenado tanto y tan bien...que no pude resistirme a volar. Y así fue como transcurrieron los primeros 10 kilómetros que me los fundí en unos 52-53 minutos. Me sentía super bien.

En República Argentina hice incluso una pequeña parada para saludar a mi amigo Ricardo, que estaba de espectador buscando a sus maratonistas particulares. Que grande Ricardo. De aquí paso a hablar del primer avituallamiento, el "embudo". Entiendo que sea el primero y que cueste trabajo adaptarse y entender para los corredores, pero creo que se debería cambiar de zona.


Todos los años que he corrido la Maratón de Sevilla y todos los años que ponen ahí ese avituallamiento, hay embudos de corredores agoreros intentando beber agua a toda costa. ¡Vamos a ver señores, que hay para todos y el avituallamiento es largo!

Pues nada. Es ver la primera mesita y se abalanzan todos como si no hubiera mañana. Yo simplemente esperé un par de metros hasta que ví un pequeño hueco. Me incorporé con precaución y pillé una pequeña botellita de agua para dar un trago, y después se la pasé a mis compañeros. Además, tampoco necesitaba mucho puesto que siempre llevo mi propia botellita para los primeros kilómetros. ¿A alguno se le ha ocurrido hacer lo mismo?

En fin. Una vez superado el avituallamiento de "calentamiento", cruzamos el Guadalquivir y empezamos a gozar de algunos de los sitios más pintorescos y bonitos de Sevilla: La Maestranza, La Torre del Oro, La Plaza de Toros, La estación de Plaza de Armas, etc.

Sin comerlo ni beberlo me planté en Torneo (a poco tiempo de llegar al kilómetro 10). En este punto, avisé a Jesús de cómo reaccionaba mi cuerpo: - Tú no te fies mucho de mi, ni me sigas demasiado, que yo a partir del kilómetro 8-9 se me va la olla y empiezo a zumbarle hasta el 30-.

Y así fue. Casi llegando al inicio de Ronda Norte sentí cómo el cuerpo se había terminado de calentar. Se me fue literalmente el cuerpo volando. Kilómetro 12 a 4:49, el 13 a 4:44, el 17 a 4:43, el 19 a 4:41...Me sentía tan jodidamente bien, que no quería parar.

Por supuesto, mi cabeza me repetía una y otra vez: "quillo, párate que te queda mucha carrera y después te vas a cagar cuando llegues al 30". Pero sabía perfectamente cómo iba a reaccionar mi cuerpo y seguí manteniendo estos ritmos rápidos. Todo iba genial.

En el 17, haciendo uso de mi estrategia de carrera me tomé el primer gel de fresa de NutriSport. En cada avituallamiento intentaba tomar un buen sorbo de isotónico, pero sabía que el kilómetro 17-18 era clave para empezar a reponer algo de los azúcares perdidos.

Pasé por el arco de la media maratón en 1 hora y 47 minutos. Esto me hizo pensar,  comenzar a echar cuentas. Si en media maratón había echo ese tiempo, en una completa y tirando de fórmulas...era probable que bajase de las 3 horas y 45 minutos. Me volví loco.

Empecé a correr al mismo ritmo que antes, e incluso más rápido...llegando a alcanzar los 4:39 min/km en el kilómetro 26. Que locuron de carrera me estaba saliendo. Sin embargo, también llegué a la conclusión de que mis ilusiones...iban a suponer algo de sacrificio.

Ese sacrificio empecé a notarlo en el 23. Los pezones, algo irritados por la fricción y el sudor...empezaron a molestarme. El gemelo derecho, al entrar en contacto con el asfalto de mierda que hay en Gran Plaza, empezó a mandarme pequeñas descargas de aviso.


Todo esto llevó a que mi estado de ánimo no fuera el más "dicharachero del lugar". De hecho, pasé de ser el corredor que intentaba que la gente animase (porque si, este año la animación del público ha sido una mierda, lo siento pero lo he sentido así) a concentrarme de lleno en mi.

En el 23 me encontré por primera vez con mis benditos padres, que me tenía preparado mi segundo gel. Como pudieron, me echaron un par de fotitos y de vídeos, me preguntaron si estaba bien y se fueron a otra zona a buscarme. Son geniales. Gracias, padres.

Por el kilómetro 25 me permití descentrarme un poco para buscar a mi tia y a mis primos, que me estaban esperando junto al supermercado "Alcampo". Me hubiera gustado pararme y echarme alguna fotito con ellos o algo, pero en este punto...estaba metido de lleno en la carrera, y toda mi concentración se sustentaba en no cometer errores o locuras.

De esta parte de la carrera en adelante, recuerdo más bien poco. Entré en una especie de flujo mental en el cual sólo quería correr, aguantar, seguir corriendo, no liarla parda, correr más. Sé que en algunas partes de esta zona me encontré con muchas de las guerreras: Ana, Sole, Andreina, Cristina, etc. Pero de corazón, si no llega a ser porque ellas me reconocen...ni las veo.

Fue un poco locura. Cuando vas buscando marca y al mismo tiempo, quieres terminar sin sufrir...te metes de lleno en tu mundo. Creo que es de las pocas cosas en común que pueden sentir un maratonista "popular" y uno de élite: el estado de concentración maratonista.

Fue así como poco a poco llegué al inicio de la Avenida de la Palmera. Justo antes de entrar, respiré hondo y me repetí varias veces a mi mismo: puedes hacerlo, vamos a por ella, ya sabemos que es larga pero trata de no pensar en ello y en seguir adelante. Menos mal que justo antes de entrar me encontré con otro miembro de mi equipo de apoyo: mi querida Marta.


La pobre venía con todos los bártulos para verme. Durante unos segundos me siguió corriendo con el casco de la moto, la ropa de la moto, un par de bolsas que llevaba, etc. En fin, que a mi me dió muchas fuerzas, pero también me desconcentró al verla tan cargada...

Lo mejor es que al ver mi cara y al yo decirle: -te veo más adelante- entendió mi situación. Así que volví a mi estado de concentración mientras ella se marcahaba a buscarme en la infernal Avenida de la Palmera. Una vez allí, comenzó el sufrimiento y la dureza.

No sé si llamarlo: muro, bajona, topetazo o simplemente "el parón". Sé es que en el kilómetro 33 (unos minutos después de haberme tomado el segundo gel), bajé a un ritmo de 6:33 min/km. También me paré a hacer pis. Tuve que bajar el ritmo para hablar con Marta, mientras me volvía a perseguir o mientras le daba un besito de despedida. Y eso, tuvo su efecto.

Pero lo cierto es que todo eso fue una minucia en comparación a lo que sentían mis piernas. El señor gemelo derecho, empezó a pegarme pequeños bocaditos. El gemelo izquierdo me empezó a avisar de que se quería unir a la fiesta. El tibial anterior izquierdo, empezó a hacer cosas raras.

Toda esta "fiesta muscular" se producía al mismo tiempo que yo trataba de mantener la concentración, seguir respirando bien y realizar correctamente la técnica de carrera para no contraerme. En este punto, entré en un estado de concentración puro y duro.

En mi entrada en el Parque de Maria Luisa solo recuerdo a un montón de corredores sufriendo a mis laterales, a mi amiga Diana haciendo de voluntaria y dándome un vaso de agua (mil gracias, porque conseguiste sacarme una sonrisa) y el pésimo espectáculo de Plaza de España.

Me vais a tener que perdonar. Quizás fuera por mi estado de ánimo o por como me estaba tomando la carrera pero cuando llegué a Plaza España...sólo quería salir de allí. En primer lugar, porque la gente que había animaba bastante, pero no era ni mucho menos la animación de otros años. En segundo lugar porque odio correr por esta zona, por este pavimento. Y en tercer lugar porque me tocó muchísimo los "huevos" la dejadez con la que hacían las fotos los de "MarathonFoto". Al menos cuando estaba pasando yo.

No sé. Plaza de España sólo consiguió que me concentrase más aún en la carrera y que odiase las partes llenas de gente. Me dediqué a seguir a una pareja de corredores, para evadirme un poco. Fue así como llegué a la Avenida de la Constitución.

No recuerdo haber pasado por la Catedral, Archivo de Indias, Ayuntamiento, etc. Sólo recuerdo un molesto pasillo de gente estrechando mi espacio para correr, el suelo con las vías del tren que tenía que evitar para no tropezar y mis propias palabras de aliento mentales para no agobiarme por la situación: - vamos, tu puedes, un kilómetro más -.

Mi estrategia de carrera llegados a este punto: ir kilómetro a kilómetro. Mantener el ritmo e ir mirando el reloj. Había momentos en los que veía posible bajar de las 3:40 en Maratón y eso me hacía sufrir. Era entonces cuando simplemente me recordaba a mi mismo que terminar una Maratón y hacerlo en menos de 3:45 casi 100% asegurado, estaba estupendamente.

Positivismo, fuerza de voluntar y concentración. Esas fueron mis claves. Tras pasar por una Alameda de Hércules casi igual de agobiante que el centro histórico, me planté en el Puente de la Barqueta. Allí me encontré con Carla, que fue la que me localizó. Sabía que su novio Ibai también corría, y sólo me cupo preguntarle que tal estaba. A posterior me enteré de que todo fue bien (enhorabuena), pero me preocupó cuando me dijo que iba regular.

En fin, que también me alegró mucho encontrarme con Carla y me dió fuerzas. El hecho de que una persona te pregunte "de corazón", como estás y se preocupe por ti...personalmente me da mucha motivación. Le respondí como pude que iba a intentar bajar de 3:45, y seguí corriendo.

Lo que sí recuerdo son los dos últimos kilómetros. Duros, se hicieron muy duros. Éramos un sinfin de corredores dando sus últimas zancadas, sufriendo y disfrutando al mismo tiempo. Era un espectáculo impresionante. Bajé de nuevo el ritmo y me preparé para terminar.

Sabía que no iba a hacer menos de 3 horas y 41 minutos, pero me daba igual. Sabía que el sub 3:45 lo tenía asegurado. Que pese a haberme arriesgado en la primera parte de la carrera, había corrido literalmente con el corazón y apoyado por la cabeza. Sabía que quería terminar bien, sin calambres, aunque ello me supusiera llegar "justito". Era mi bendita octava maratón.

Y así fue. Accedí a la puerta que da a el tartán del estadio. Entré corriendo, seguro de mi mismo. Gozando de la gente en las gradas animando. De la música sonando, del espectáculo de recorrer los últimos metros en el mismo tartán que otros 13.000 maratonistas.

Llegó la recta final y ya nada importaba. El crono dictaba que iba a entrar en 3:46 pero...¿y que? Había terminado otra maratón, había superado mis miedos a esta distancia, había hecho una carrera de puta madre muy técnica y muy profesional. Era mía, sólo mía.


Alcé mis brazos al cielo y gesticulé con mis dedos el número 8. Ocho maratones, ocho medallas de finisher, ocho crónicas, ocho aventuras. Mi quinta Maratón de Sevilla. Y entré sonriendo, entré disfrutando, como tiene que ser, como se tiene que terminar una Maratón.

Al pasar por el arco de meta, colmado de gloria...también me colmó de energía el señor que portaba el globo de las 3 horas 45 minutos...que casi me arrolla. Pero eso no impidió que a posteriori le pidiera amablemente que se echase una foto conmigo, o que le agradeciese su labor.

En la zona pensada para el corredor me tomé mi tiempo, echándome fotos y buscando a la persona adecuada para colgarme la medalla. Quería tener un bonito recuerdo físico que no me costase 30 pavos (gracias, MarathonFoto). Y también buscar a alguien especial, para tener un gran recuerdo mental del momento en que me ponían la medalla.

Por supuesto, el encargado de esta tarea fue Antonio. Muchas gracias por colgarme la medalla, por darme la enhorabuena y por el pedazo abrazo que me diste pese a que estaba bastante sudado. Esos son los momentos "top" con los que me quedo. Mil gracias.

También estuvo muy guay leer los whatsapps de mi chica, orgullosa de mi por lo que había vuelto a lograr. No sé...no se puede estar más feliz como corredor, que después de terminar una maratón. Estiré un poquito contra la pared, disfruté del ambiente "postmaratón", y me fui.

Pillé una "manta plástico", de esas que estaban tiradas en el suelo y que todos los maratonistas se empeñaban en coger. Personalmente la cogí porque realmente sirve para no perder calor, y porque es algo que suelo utilizar en el postmaratón. Supongo que el resto...también.


También me hice con la pequeña bolsa de avituallamiento postcarrera (agua, naranja y botella de isotónico), pero ni de coña me quedé a la aglomeración de maratonianos intentando pillar refresco, botellas de isotónico, cerveza, fruta, etc. Me niego a tanta tontería.

Subí la cuestecita que hay en la salida, y me encontré con mi familia. Pese a sentirme bastante cansado y algo agarrotado (sobre todo en gemelos y tibial), estaba perfectamente para caminar. Tener que ir "pasito a pasito, suave suavecito", lo dejé para el día siguiente...sobre todo a la hora de tener que subir escaleras. Por lo demás, estupendamente.

Es por ello que quiero concluir esta entrada comentando lo orgulloso que me siento de cómo he corrido esta carrera, y de como la he entrenado. Han sido unos meses duros, pero sin pasarlo excesivamente mal. He entrenado tres veces por semana, haciendo dos tiradas cortas de no más de 12 kilómetros y unas tiradas largas que no han superado los 28 kilómetros.

Me ha faltado realizar más estiramientos, más técnica de carrera y más series de velocidad. Pero por lo demás, creo que he comido, he entrenado y he realizado ejercicio en la medida en la que tenía que hacerlo. Esto lo digo, sobre todo para los excépticos que me leen.


En cuanto a la carrera, pienso que la he corrido como tenía que correrla. Si no hubiera "arriesgado" en los primeros 30 kilómetros, quizás el tedio y el esfuerzo mental de controlarme en el ritmo, me hubieran hecho más daño que correr como corrí. Para eso hay que conocer muy bien como funciona tu cuerpo y tu mente. Después de 8 maratones, creo que los conozco bien.

Por último. Ha sido mi octava maratón y pese a la dureza sufrida en carrera, no cambiaría por nada lo sucedido. He entrado feliz, entero, disfrutando. He vivido muy buenos momentos. He aprendido, he mejorado y he terminado con una sonrisa...con ganas de hacer otra.

No quiero despedirme sin darle las gracias a la Maratón de Sevilla. A sus cientos de voluntarios que la hacen posible. A su incansable CM, que le da gran parte de la visibilidad al evento. A todos los apoyos conocidos y desconocidos que he podido tener durante el recorrido. Y a los cientos de miles de corredores que hacen grande esta Maratón de Sevilla. Hasta el año que viene.

martes, 14 de febrero de 2017

Anatomía de la Maratón de Sevilla 2017

Ha llegado el momento de desentrañar y analizar los secretos de la maratón más llana de Europa. Una prueba que año tras año, se ha ido ganando el respeto y el prestigio a nivel internacional, contando en 2017 por primera vez con la categoría de Silver Label de la IAAF.

Es cierto que es una de las mejores maratones de Europa y de España, pero tiene sus peculiaridades. En esta entrada, aclararemos dichas particularidades y ayudaremos al corredor a estar precavido sobre los ligeros desniveles del recorrido y los momentos más difíciles del mismo.

En 2017 como novedad, la prueba inicia a las 08:30 desde Avenida Carlos III. Dicho comienzo más vespertino se justifica en base al calor que se suele alcanzar en Sevilla conforme van pasando las horas. Eso si, llévate algo ligero que abrigue para los momentos previos a la carrera.


LA SALIDA. AVENIDA CARLOS III:

Situada en la Cartuja de Sevilla, antigua zona donde se celebró la Expo 92. Un lugar amplio donde se darán cita miles de corredores. Te recomiendo llegar al menos media hora antes del pistoletazo, encontrar y situarte en tu cajón, hacer pis, etc. Mejor prevenir que curar.

El proceso de salida suele ser rápido y certero. A las 08:30 inician los primeros corredores del pelotón y en dos-tres minutos como mucho, inician los que están situados en la zona media de la marabunta. Si estás situado al fondo, no te preocupes, la carrera va fluida.

En la primera recta, no te emociones. Es típico salir despedido a un ritmo inadecuado propiciado tanto por la euforia de los corredores que te rodean, como al desnivel "cero" del tramo. Los primeros kilómetros son para entrar en calor, pillar ritmo y llegar bien al primer avituallamiento.

Tras realizar dos rectas en la misma dirección llegarás a Glorieta de República dominicana, donde realizarás un pequeño giro que te llevará a través de otra recta (República Argentina) en dirección al puente de San Telmo. Llegados a este punto ya habrás entrado en calor y estarás a punto de alcanzar los primeros 5 kilómetros. Llega el momento de disfrutar del primer avituallamiento.

  
DEL KM 5 (TORRE DEL ORO) AL 10 (RONDA NORTE):

Esta es una de las zonas más sencillas e impresionantes del recorrido. Podrás disfrutar de algunos de los monumentos más característicos de la ciudad hispalense y ser animado por una gran cantidad de personas que cada año, salen a vitorear a los corredores. Esta parte mola.

Eso si, es mayoritariamente llana pero de vez en cuando te encontrarás con falsos "desniveles cero", que en realidad son pequeñas cuestas. Aprovecha para apretar ligeramente los dientes y para recuperar con calma. En Avenida de Torneo también podrás disfrutar de una de las zonas más abiertas del recorrido tanto a nivel de amplitud del vial, como de luz solar.

En cuanto a los avituallamientos. El que está situado en el kilómetro 5 es bastante accesible aunque suele haber ciertas aglomeraciones en algunos tramos. Respecto al del kilómetro 10, bastante mejor situado y con mayor facilidad para poder hacerte con agua/isotónica.


DEL KILÓMETRO 10 AL 20 (SAN PABLO):

Aquí la cosa se tuerce un poquito. El recorrido adopta en este punto una forma menos recta y comienzas a realizar pequeños virajes, para adentrarse en algunos de los barios más emblemáticos de la ciudad, como el Barrio de la Macarena. En esta zona también hay muchísima gente animando, especialmente en la zona de Ronda Urbana y junto a la basílica de la Macarena.

Otro inconveniente de este punto, era el estado de la carretera (se ha reformado). Al ser una zona de tráfico intenso, el asfalto está regular. Además la carretera presenta incurvación desde su centro hacia el exterior, por lo que deberás tener cuidado de no ir siempre por el mismo lado o puedes terminar sobrecargando "de más" alguna de tus piernas. Recomiendo ir por el centro.

Además, esta es una zona en la que el sol (si está presente) pega bastante fuerte y los corredores tendemos a buscar la sombra que se sitúa en uno de los laterales del recorrido (a costa de sobrecargar piernas). En algunos momentos el recorrido también es algo "feote", sobre todo cuando pasa por la zona más residencial que en algunos casos, está algo estropeada.

Aún así, es un buen momento para ir haciendo evaluación de tu ritmo y saber si lo estás haciendo bien o no. Una vez que llegas a San Pablo y cruzas el arco de Media Maratón, está "todo el pescado vendido" y no podrás hacer mucho si te has excedido en la primera parte.

En cuanto a los avituallamientos del kilómetro 15 y 20, ambos están bastante bien situados. El del kilómetro 15 lo podrás encontrar en un espacio más abierto y el del kilómetro 20...digamos que no te darás mucha cuenta de él porque estarás pendiente de llegar al 21.

Respecto a desniveles. La mayor parte de este tramo es plana, pero te encontrarás con algún que otro falso llano, sobre todo tras cruzar la basílica de la Macarena. También habrá pequeños descensos que te ayudarán a contrarrestar esas zonas de subida. Disfruta.


MEDIA MARATÓN A KM 30:

Personalmente, una de mis partes favoritas del recorrido. No sólo porque se torna realmente plano, con prácticamente ningún desnivel. También por la gran afluencia de público, por los avituallamientos perfectamente situados y organizados, así como por el momento "clave" que un maratonista vive durante este tramo. Llegamos a la previa de "El Muro".

Una vez que superes el arco de Media Maratón te encontrarás de nuevo una carretera en estado "mejorable", aunque bastante mejor la de la Macarena. Es un tramo aproximado de unos 2 kilómetros sin demasiado público y bastante gélido (polígono industrial), pero dura poco y una vez que llegas al Centro Comercial Los Arcos, todo cambia a mejor. Lo notarás enseguida.

El paso por la zona de Gran Plaza, Nervión, Luis Montoto, etc. es de los mejores de todo el recorrido, tanto por lo que hemos explicado hasta ahora, como por la facilidad que tienen los acompañantes de localizar, ver, fotografiar al corredor en varias ocaciones. Si os fijáis, el trazado discurre haciendo tres líneas paralelas a poca distancia entre ellas. Puedes ir rápidamente de un lado a otro: "Donde leches echarte fotos en la Maratón de Sevilla".

Además, te recomiendo que tomes fuerzas y que hagas bien los avituallamientos llegados a este punto. El siguiente tramo es de los más complicados del recorrido y te harán falta fuerzas física/mentales para superarlos. Disfruta el calor del público, o el paso junto a los dos estadios de fútbol de la ciudad: el Benito Villamarín y el Sáchez Pizjuan.


DEL KM 31 (AVENIDA PALMERA) AL KM 40 (PUENTE BARQUETA):

En este tramo tendrás sufrimiento y tendrás gloria. A partir del kilómetro 30 te encuentras con la terrible Avenida de la Palmera. Una recta de 2-3 kilómetros en la cual (dadas las circunstancias en las que estás), te resultará bastante inacabable. Aquí es donde debes apretar verdaderamente los dientes y ser capaz de recordar todo lo que has entrenado para este momento.

Además de ser una recta bastante anodina, tiene la ventaja de que es prácticamente llana. A ambos laterales podrás disfrutar de algunos edificios peculiares y también del gran espacio abierto que supone esta parte del recorrido. Pero tómatelo con calma, es zona de cansancio.

En el momento que llegues al Parque de María Luisa, todo te resultará mucho más fácil. Por supuesto, la llegada y paso por Plaza de España es puramente apoteósica. Es cierto que en esta zona tendrás que correr por encima de tierra, asfalto en mal estado y adoquinado, pero déjame que te diga que vale la pena, con tal de poder rodear este monumento sevillano.

Una vez que hayas disfrutado de la Plaza, saldrás a otro gran espacio abierto (el último hasta dentro de un par de kilómetros) y te adentrarás de lleno en la zona más céntrica y transitada de Sevilla. En el momento en el que visualices el Rectorado de la Universidad de Sevilla y la estación de Puerta de Jerez, sentirás la magia de correr en la Maratón de Sevilla.

Tu simplemente imagina un pasillo de miles de personas animándote, al mismo tiempo que pasas corriendo junto a La Catedral de Sevilla, el Archivo de Indias, El Ayuntamiento en Plaza Nueva, etc. Te aseguro que esta zona, será probablemente la que más recuerdes.

Aquí de nuevo nos podemos encontrar con algún que otro falso llano, pero te aseguro que el calor del público hará que no te des cuenta. Por último, el paso por la zona de Plaza del Duque-Trajano-Alameda, aunque hermoso, se hace duro. Y aquí realmente sí que sentirás pequeños desniveles que pese a ser ínfimos, harán algo de mella en lo que te resta de recorrido.

Tras subir una cuesta llegarás de nuevo a la zona de Torneo y una vez ahí, tendrás que atravesar el Puente de la Barqueta donde encontrarás uno de los mejores avituallamientos del recorrido, pero también uno de los más desorganizados (por regla general). Además, es en esta zona donde hay varias cuestas arriba que son verdaderamente molestas para el corredor.


DEL KM 40 AL KM 42,195 (ESTADIO OLÍMPICO):

Llana, totalmente llana. Es lo que puedo decirte de este último tramo. Quizás te parezca la zona más dura del recorrido, y lo cierto es que lo es. Aquí te darás cuenta de lo que significa la "soledad del corredor", puesto que es una zona donde no suele haber excesivo público y donde si lo hay...no te importa porque estás verdaderamente reventado.

Aquí el asfalto está en relativo buen estado y podrás correr sin molestias. Aprieta los dientes con fuerza porque en el momento en el que se dibuje el estadio en el horizonte, sabrás que estás a punto de terminar. Un pequeño giro alrededor de las afueras del estadio y te toca entrar por una de las pequeñas puertas laterales de la infraestructura.

Mucho cuidado con el desnivel "cuesta abajo" que encontrarás en esta puerta, no te vayas a caer ni tampoco hagas malos gestos que te supongan un calambre muscular. Afrontar esta pequeña zona con tranquilidad porque en el momento en el que salgas del túnel, estarás dentro del estadio.

Te ruego que llegados a este punto, no te fijes en el estado de las pistas de atletismo. Simplemente disfruta de tus últimos metros, del fervor de la gente animando en las gradas, del speaker en meta con la música a tope y de tu entrada triunfal como finisher.

Sin dudas, los metros más emotivos y para nada, los más duros del recorrido. Recuerda entrar con los brazos al cielo, sonriendo, disfrutando, dándote cuenta de lo que acabas de conseguir. Disfruta de la emoción de recibir la medalla, que te acredita como finisher.

jueves, 9 de febrero de 2017

Con los deberes hechos. Maratón de Sevilla 2017.

Señoras, señores. Ya está todo el "pescao vendio". A pocos días de que se celebre la edición de 2017 de la Maratón de Sevilla, los entrenamientos ya van llegando a su fin. Las jornadas de tapering sólo sirven para despejar dudas, acallar miedos y las ganas de volver a correr 42 kilómetros 195 metros, te recorren el alma como si fueran el tartán de una pista de atletismo.

Hoy tocaba hacer, lo que tocaba hacer. El famoso, el temido, el aceptablemente fiable "Test de Gavela". De hecho, si pincháis en el nombre del test, podréis ver toda la información que escribí al respecto. En esta entrada y para resumir, diré que consiste en hacer 2 series de 6000 metros. La primera al ritmo de maratón y la segunda, a tope pero de forma constante.

Si la diferencia de tiempo entre ambas series, es de un determinado valor...supondría que tendrías que ir más o menos lento en base a una tabla estadística. De nuevo, reitero que le echéis un ojo a la entrada que escribí en su día o a la siguiente tablita:


En mi caso. El primer 6.000, lo he hecho después de otros 3 kilómetros de calentamiento. Cada cierto tiempo he tenido que estar revisando Strava porque iba demasiado rápido. No consigo encontrarme cómodo, corriendo a 5:40 min/km. Me siento lento y me acelero.

La segunda parte ha sido maravillosa. A un ritmo promedio de 4:52min/km (algo por encima de mis posibilidades), pero con buenas sensaciones. En general, el primer 6k lo he hecho en 33:14 y el segundo 6 k me ha salido en 29:14. Ahora toca echarle un ojo a la tabla.

En base a estos tiempos, puedo aspirar a bajar de 4 horas en maratón (por mi, encantado). Tanto por el tiempo del primer 6 k, similar al parámetro que marca 32.30 como por el tiempo del segundo 6k, similar al parámetro de 29.00. Sub 4 horas es una marca "probable", pero también puedo llegar a hacer un sub 3H 50M. Todo depende del día y de las circunstancias físicas.

Lo cierto es que en los últimos años, he realizado este test y casi siempre ha acertado. Digo "casi siempre" porque en Murcia, no acertó y en la Maratón de Sevilla donde tengo sub 3:45...tampoco acertó. Por tanto, es un test útil pero no es 100% determinante.

La emoción del momento, el estado de forma, el trabajo de entrenamientos, la nutrición, las condiciones climáticas, el público...son multitud los factores que influirán el 19 de Febrero de 2017 en el tiempo que haré en Sevilla. Sin embargo, este test tiene una función sumamente esencial: corroborar estadísticamente, que estás preparado para terminar la Maratón.

En fin. Que estoy muy contento con mis tiempos, con ganas de correr en Sevilla, de ver a muchos de mis colegas runners, de hacer fotos, de divertirme y de terminar mi octava maratón. Espero que os vayan bien los entrenamientos y que esta entrada, os sirva de ayuda.

Para terminar, me gustaría retaros: en base al test de Gavela..¿qué tiempo pensáis que haré en la Maratón de Sevilla? ¿se cumplirán las previsiones del test? Déjame un comentario con tu opinión, a ver quien se acerca más al tiempo exacto. Mi STRAVA.

martes, 7 de febrero de 2017

Crónica Media Maratón de Nápoles 2017

Nervios, emoción, ilusión. Hacía muchos meses que no corría una Media Maratón oficial. Por supuesto, los 21ks ya los llevo machacados para la Maratón de Sevilla. Pero me refiero a correr 21 kilómetros y 97 metros, a participar en una carrera como tal.

Nápoles, esta ciudad que tanto me está sorprendiendo y que tanto me está apasionando, me dió la oportunidad. Amaneció un 5 de Febrero con una temperatura estupenda pero con el cielo totalmente encapotado, amenazando con llover o con ventear "al improviso".

Me desperté a las 7 de la mañana, tomé un buen desayuno y me dirigí al lugar de salida: la Mostra de Oltremare en el distrito de Fuorigrotta. El destino quiso que tuviera dorsal para correr este evento, y no pensaba desperdiciar la oportunidad. A las 8:30 se dió el pistoletazo de salida.

Más de 4.000 corredores echaron a correr por las calles del distrito en dirección al Lungomare (el paseo marítimo de Nápoles). El recorrido era duro, para que engañaros, pero mayoritariamente llano. Pasamos por el túnel bajo el Parque de Virgiliano y recorrimos el paseo con un Mar Tirreno agitado que nos animaba con sus olas chocando contra las piedras.

El Castillo del Huevo nos saludó en el kilómetro 5, donde también se encontraba un amplio primer avituallamiento donde casi 20 voluntarios ofrecían agua a los corredores. Yo no paraba de disfrutar como un niño. Fue en este punto donde recordé enchufar el Strava. Además, cada pocos minutos me paraba a echar un sinfín de fotografías a los corredores y después retomaba el ritmo.

Foto de la cabeza de carrera, cedida por un amigo

La llegada (y subida) hasta Piazza del Plebiscito, impresionante. El volcán Vesubio a tu derecha y justo en el momento en el que dejas de verlo, aparece ante ti el Palacio Real de Carlos III a tu diestra y la Basílica de San Francisco de Paula a tu siniestra (muy parecida a la Plaza de San Pedro de Roma, pero en pequeña escala, por supuesto). Una estampa, bellísima.


A continuación giramos en dirección a otro de los grandes monumentos de Nápoles: el Maschio Angionino o Castillo Nuevo. Estaba totalmente empapado en sudor, pero me daba igual. Me paraba a echar fotos, metía un sprint, sonreía, corría y volvía a pararme a echar fotos.


El paso por el vial Corso Umberto impresionante. La organización de este evento merece un aplauso porque conseguir cortar el tráfico en Nápoles, de la forma en la que lo hicieron, merece elogiarlos. Además, la presencia de voluntarios durante todo el recorrido fue constante.

Al final de Corso Umberto, casi llegando a la estación de Garibaldi, giramos y retomamos nuestros pasos en dirección contraria. Una decisión más que acertada porque durante este tramo, los corredores se animan unos a otros, se saludan entre ellos, porque unos van de ida...y otros van de vuelta. Además, apenas llegábamos al kilómetro 10...aún hay fuerzas.

Tocaba la parte dura: subir todo el vial del Duomo al que se le suma el adoquinado. Pero os aseguro que no importa nada, que se pasa volando. Cuando pasas corriendo por delante de la Catedral del Duomo...te dan ganas de quedarte embelesado y dejar la carrera. Pero sigues.


Y al final de esta calle en subida, giras a la izquierda y te encuentras parte de la carretera cortada para los corredores y el sentido contrario lleno de coches. Los más curiosos asomados por las ventanillas, animando. Los niños pequeños mirándote alucinados, las bocinas resonando...

Llegamos entonces a una de mis zonas más transitadas de la ciudad: Piazza Museo, pasando justo por delante del Museo Nacional de Nápoles (de obligada visita si vienes a esta ciudad). Es entonces cuando empiezas a bajar en dirección a Vía Toledo. Pero antes...Piazza Dante:


Una cuesta abajo que sabe a Gloria, donde puedes relajar las piernas, disfrutar de la zona comercial de la ciudad y todo ello...para volver a disfrutar de la Piazza De Trieste y Trento, de la Piazza del Plebiscito y de nuevo el bendito Lungomare con el mar de fondo.


Llegados a este punto, el recorrido de vuelta era prácticamente el mismo, pero estando más cansados. Eso no me impidió seguir disfrutando como un enano de esta carrera. Hubo incluso algunos valientes que decidieron disfrazarse un poco para correr. Y yo...pues les fotografié:


Si os preguntáis por el ritmo al que iba...no lo supe hasta llegar al final del recorrido. Sabía que iba rápido porque cuando grababa con la GoPro, empezaba a adelantar a corredores y...parecía una bicicleta. Y eso que no estaba bebiendo isotónica. La emoción del momento.

Por último, quiero contaros la llegada. Esa mágica llegada por lo que la carrera merece prácticamente un 10. Entras por la parte de atrás de la Mostra de Oltremare, recorres todas sus zonas verdes y de pronto...te toca rodear una fuente de más de 300 metros de largo totalmente activada, escupiendo agua al cielo y dándote la bienvenida, con la música y la gente animando.

Entras en meta con tus pies pisando una alfombra azul, flanqueado a ambos lados por las banderas de todos los paises participantes y bajo un arco de meta muy profesional. Entras, sientes la gloria de haber terminado una nueva media maratón. Andas un poquito y algunos miembros del ejército te hacen entrega de una de las medallas más molonas que tengo:


En fin. Una de las mejores experiencias que he tenido jamás como corredor y, por supuesto, en Nápoles. La Media Maratón de esta ciudad promete y vale mucho la pena correrla, sobre todo por aquellos medio maratonistas que buscan correr en el extranjero. Es genial.

La organización prácticamente de 10. Los avituallamientos perfectos. El recorrido duro en determinados momentos pero totalmente asequible y prácticamente llano, repleto de lugares históricos y de paisajes increíbles. Me faltó un poco de público animando en las calles, pero es algo que acepto puesto que en Nápoles...no hay mucha cultura de running.

Y esta es mi historia. Otra media maratón más en mi vida, otro gran momentazo brindado por el privilegio de ser corredor y un pasito menos hacia la Maratón de Sevilla. Espero que os haya gustado la historia y que os animéis a correrla. Por último, os dejo con mi vídeo de carrera.

martes, 17 de enero de 2017

Correr por Nápoles: es una maravilla.

Hace unos meses, escribí una entrada donde definía el acto de correr en Nápoles como una "puta locura". Ha llovido mucho desde entonces y, aunque sigo pensando que correr por el centro de esta ciudad es un auténtico horror, he descubierto mis pequeños paraisos para correr.

Ya he hablado sobre el Bosque de Capodimonte y sobre el Lungomare. Si no lo he hecho, lo haré. Sin embargo hoy me gustaría contaros una de las tiradas largas más duras y más bonitas de mi vida. De esas que se te quedan grabadas en la mente para siempre.

La situación climatológica actualmente en Nápoles, no es buena. La ciudad está sufriendo una de las peores olas de frío en los últimos 30 años. Para colmo, se le suma el viento y la lluvia. Es por eso que antes de jugarmela, decidí mirar primero la previsión meteorológica.

Eran las 9 de la mañana y según la información recabada, tendría de margen hasta la 13:30 más o menos para poder hacerme unos 20 tantos kilómetros. Pese al frío, decidí usar calzonas en vez de mallas. Cuando se trata de larga distancia, siempre es preferible ir cómodo.

Dejé mi hogar a las 10:15 y empecé a correr nada más cruzar el rellano del portal. O empezaba a correr desde el momento cero, o me congelaría. El descenso fue rápido, discurriendo por el centro de Nápoles (sombrío, aunque bellísimo para pasear). En total, unos 4 kilómetros desde mi piso hasta el inicio del paseo marítimo. El tiempo justo para ir calentando motores.

El objetivo era claro: realizar una buena suma de kilómetros, sin pausa pero sin prisa. Haría las paradas que hicieran falta, disfrutaría de las vistas y trataría de mantenerme en buenas condiciones en todo momento. A estas alturas, el trabajo maratoniano está casi hecho.

La primera parada fue en Vía Posilipo, en un mirador que se encuentra durante su transcurso. Muy cerca había una pequeña tiendecita donde, por 1´20 euros pude hacerme con una pequeña botella de Gatorade. Por supuesto, la parada también incluía sesión de fotografía.


Tras hacer esta pequeña parada y con unos 10 kilómetros realizados, tocaba seguir corriendo. El objetivo del día era llegar hasta la zona de Marechiaro (mar claro), uno de los parajes más alabados por los napolitanos y que tantísima curiosidad me despertaba.

Como podéis observar en la foto, el volcán Vesubio está nevado en su cumbre. De la misma forma, las montañas que están a sus laterales están totalmente nevadas. Cuando os digo que en Nápoles ahora mismo hace frío, es que hace verdaderamente frío.

Proseguí el rumbo guiándome por la costa y por aplicación "Strava". A poco menos de un kilómetro y medio, volví a encontrar otra sorpresa. El Mausoleo Schillizi. Una obra fúnebre dedicada a los caídos en la Primera Guerra Mundial en Nápoles. Un lugar místico.

He de confesaros que me dió algo de miedo entrar en el recinto. El mausoleo es impresionante de ver y también impone un respeto fantasmal. Decidí darle una vuelta rápida para no enfriarme física y psicológicamente. Las estatuas egipcias, la decadencia arquitectónica...que miedo.


Tras dejar este tétrico aunque bello lugar, decidí seguir corriendo un poco más. Me hubiera gustado llegar hasta el Área Marina protegida de Gaiola...pero al no saber si había que pagar algo por entrar, si estaría abierto y sobre todo...la amenaza de lluvia en el horizonte, me controle.

Tras casi 14 kilómetros corriendo, varios cientos de metros cuesta abajo y el cuerpo entumecido, conseguí llegar a una de las zonas más bonitas de Nápoles: Marechiaro. Paré el crono de Strava y disfruté durante un rato de la sensación de cansancio y de la belleza del panorama.


Una vez más, respiré hondo y emprendí la vuelta a casa. Esta vez con las piernas adormecidas, con bastante más frío y con el cielo amenazando lluvia inminente. Sin embargo había logrado mi objetivo: llegar al punto estipulado y hacerlo sin sentir demasiado cansancio.

La vuelta se tornó aún más dura. Comenzó a soplar el viento con fuerza, empezó a llover y el frío se acrecentó. Como es normal, el cortavientos de la maratón de Sevilla y mis calzonas...no servían de mucho. Sólo el calor corporal del ejercicio mantenía la temperatura a ralla.

Poco a poco pude volver a disfrutar del horizonte napolitano. El mar abierto y en el horizonte el imponente volcán vesubiano. La grandísima Capri, solitaria entre las aguas y las montañas blancas a sus espaldas. El cielo encapotado, con la estela gris de la lluvia cayendo al mar.

Realmente estaba siendo una tirada larga durisima y a la par, impresionantemente bella. Tras conseguir llegar al centro de Nápoles empapado, con todas las fotos que tenía que hacer en el móvil y con la satisfacción de haber realizados unos 24 kilómetros, acabé mi tirada larga.


Es cierto, una vez más, que correr por el centro de Nápoles es prácticamente imposible. Sin embargo, la ciudad y la región que abarca ofrece un sinfín de oportunidades a los corredores, especialmente a los de larga distancia. Los parajes, las vistas y los lugares increíbles que puedes visitar mientras practicas deporte, son incontables. Es un deleite para la vista y para el corazón.

La última tirada larga que hice con tanta dureza, fue en mi pueblo. Fue un día en el que me llovío a mares, donde me estaba preparando mi primera maratón y donde el paisaje era gris, aburrido, cerrado, monótono. Sin embargo, en Nápoles he sufrido, pero he disfrutado.

Espero que esta historia os haya gustado. Sigo entrenando como un jabato para la Maratón de Sevilla y, si los trámites administrativos que te exigen no me lo impiden, estaré presente el 19 de Febrero para dar lo mejor de mi en las calles de mi ciudad.

Será una maratón especial, mi octava maratón. Una prueba que habré entrenado en un gran porcentaje de días en el extranjero. Un evento que habré preparado con cariño y con dificultades en una ciudad extraña, en unos recorridos duros, y en unas circunstancias especiales.

Seguimos entrenando. Seguimos luchando. Seguimos corriendo. Si os ha gustado la historia, no dudes en dejarme tu comentario o en compartirla con otros corredores. Si quieres ver más fotos bonitas de Nápoles, te invito a echarle un ojo a ESTE lugar. Un saludo corredores.